Qué es Web3 y por qué no vamos a dejar de hablar de ello
Control, identidad y valor: las tres claves para entenderlo
por ValkaB
Web3 es un término que aparece cada vez más en medios, conversaciones tecnológicas y proyectos digitales. A menudo se presenta como “el futuro de internet”, pero pocas veces se explica de forma clara qué significa realmente. No entremos en detalles técnicos y veamos su evolución.
Para mucha gente, Web3 suena a ruido. Otra palabra, otra promesa, otro concepto que supuestamente deberíamos entender antes de que desaparezca.
Sin embargo, no es tan reciente ni tan efímero como parece. Aunque muchos todavía no tienen claro qué significa exactamente, Web3 lleva años en circulación y apunta a un cambio profundo en cómo funciona internet.
No nace de la nada
Web3 no surge en el vacío. Ya en los años 90, Tim Berners-Lee —creador de la World Wide Web— hablaba de una “Web 3.0”. Pero su planteamiento iba en otra dirección. Se refería a la llamada web semántica: un internet donde los datos estuvieran estructurados de forma que las máquinas pudieran entenderlos y procesarlos mejor, reduciendo la necesidad de intermediarios.
El término Web3, tal y como se utiliza hoy, aparece más tarde. En 2014, Gavin Wood —cofundador de Ethereum— lo emplea para describir un nuevo modelo de internet: un ecosistema descentralizado basado en blockchain.
La idea de fondo no era técnica, sino estructural. Wood planteaba que el principal problema de internet no era su funcionamiento, sino su dependencia de grandes plataformas que concentran el control.
Aunque Web 3.0 y Web3 nacen en contextos distintos y difieren en la forma de la solución, comparten la intención común de atajar el mismo problema de fondo: hacer que internet sea más útil, menos dependiente y más “inteligente” en cuanto a la gestión de la información y el valor.
Tanto Berners-Lee como Wood entendieron que el modelo actual de internet es limitado y que el camino para evolucionarlo es reducir la dependencia de terceros y devolver el control al usuario.
Tim Berners-Lee, creador de la World Wide Web / Foto: Le Fevre Communications
Gavin Wood, cofundador de Ethereum / Foto: TechCrunch, CC BY 2.0 via Wikimedia Commons
Para entender Web3 hay que mirar atrás
En sus orígenes, internet era principalmente estático. Podías leer, pero no participar. La información fluía en una sola dirección. Es lo que hoy se conoce como Web1.
Con la llegada de Web2, a partir de los años 2000, internet se vuelve participativo. Surgen redes sociales, plataformas de vídeo y marketplaces. Cualquier persona puede publicar, compartir y comunicarse.
Este cambio se percibe como una forma de libertad: ya no solo consumimos información, también la producimos. Pero esa libertad tiene una contrapartida. La actividad digital pasa a concentrarse en plataformas centralizadas. Empresas como Google, Meta, Amazon o TikTok almacenan nuestros datos, gestionan nuestra identidad digital y controlan la visibilidad de los contenidos.
Tu realmente no posees tu contenido. No controlas tus datos. No decides las reglas. Las plataformas lo hacen. Ellos alojan nuestra identidad y controlan la visibilidad de nuestros contenidos. Deciden qué vemos, qué es visibe y qué no lo es. Y en última instancia, pueden eliminar cuentas y bloquear contenidos.
Web2 facilitó la participación, pero también invisibilizó la dependencia y concentró el control.
El punto de partida de Web3
Web3 surge como respuesta a esa hiper-concentración. Su propuesta principal es sencilla: reducir la dependencia de plataformas y devolver parte del control a los usuarios.
No implica eliminar todos los intermediarios, pero sí cambiar la forma en la que se organiza la propiedad y la participación en internet.
Las tres ideas clave: control, identidad y valor
Muchas explicaciones sobre Web3 se pierden en tecnicismos. Blockchain, tokens, protocolos. La idea es más fácil de entender si los dejamos a un lado y nos centramos en tres conceptos básicos: control, identidad y valor.
1. Control
En el modelo actual, tu cuenta puede ser suspendida, tu contenido eliminado y tu alcance reducido sin previo aviso.
En Web3, el objetivo es que ciertos activos digitales —como archivos, tokens o identidades— puedan existir de forma independiente de una plataforma concreta. Esto implica que el acceso y la propiedad no dependan exclusivamente de una empresa.
2. Identidad
Hoy, tu identidad digital está fragmentada. Tienes un perfil en cada red social, un usuario en cada servicio, y cada uno pertenece a una empresa distinta.
Web3 plantea la posibilidad de una identidad digital más unificada y portable: algo que el usuario posee y controla y que puede utilizar en distintos entornos.
3. Valor
En Web2, gran parte del valor generado por los usuarios —contenido, datos, atención— es capturado por las plataformas. Los usuarios crean e interactúan. Las plataformas monetizan.
Web3 intenta replantear este modelo permitiendo que los usuarios puedan poseer y transferir activos digitales. Esto abre la posibilidad de que quienes participan en un sistema también capturen parte del valor que generan.
La disyuntiva ética: control o libertad
Llegados a este punto, el debate de fondo no es tecnológico, es ético. Ya hemos aceptado que cierto grado de control sobre la información aporta seguridad: evita fraudes, filtra abusos y mantiene operativos los sistemas que usamos a diario. Pero ese mismo control tiene un coste.
Como señala Shoshana Zuboff en The Age of Surveillance Capitalism (2019), gran parte de la economía digital se basa en convertir nuestra experiencia en materia prima para ser analizada y monetizada.
A la vez, ese control ya no siempre se percibe como imposición. El filósofo y ensayista coreano Byung-Chul Han advierte que, en el entorno digital actual, la vigilancia se interioriza y se ejerce de forma voluntaria, diluyendo la sensación de límite.
La pregunta, por tanto, no es si debe existir control, sino hasta dónde. ¿En qué punto la búsqueda de seguridad empieza a justificar una supervisión constante? ¿Cuándo la protección se convierte en obligación y dependencia? Y, sobre todo, ¿en qué momento ese modelo deja de servir al usuario para empezar a extraer valor de su comportamiento en beneficio de terceros? Es ahí donde el debate sobre el futuro de internet deja de ser técnico y se vuelve político y cultural.
Shoshana Zuboff, reconocida académica, economista y pensadora estadounidense. / Foto: Alexander von Humboldt Institut for Internet and Society, CC BY 3.0, via Wikimedia Commons |
El filósofo y ensayista coreano Byung-Chul Han. / Foto: ActuaLitté, CC BY-SA 2.0, via Wikimedia Commons |
Por qué vas a seguir oyendo hablar de Web3
Web3 todavía está en una fase temprana. Hay retos que solventar aún: complejidad técnica, mala experiencia de usuario, proyectos sin utilidad real, exceso de especulación, ... Pero hay una dirección clara: explorar modelos en los que los usuarios tengan más control sobre su identidad, sus activos y el valor que generan en internet.
No se seguirá hablando de Web3 porque esté completamente desarrollado, sino porque plantea cuestiones difíciles de ignorar: quién posee lo que creamos online, quién controla nuestra vida digital y cómo se distribuye el valor en internet.
Esas preguntas no van a desaparecer. Y mientras no tengan una respuesta clara, Web3 —con ese nombre u otro— seguirá siendo parte de la conversación.
Probablemente el Web3 del futuro no sea cómo nos lo podemos imaginar hoy... ¿Cómo sería internet si perteneciese más a los usuarios que a las plataformas? Responderemos.
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Para saber más
Zuboff, Shoshana — The Age of Surveillance Capitalism (2019). Reconocida académica, economista y pensadora estadounidense, conocida principalmente por haber conceptualizado y popularizado el término “capitalismo de la vigilancia".
Han, Byung-Chul — Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder (2014). Filósofo y ensayista contemporáneo, conocido por analizar cómo el poder, la tecnología y la sociedad han cambiado en la era digital.
Morozov, Evgeny — To Save Everything, Click Here (2013). Investigador y ensayista bieloruso considerado una de las voces más críticas dentro del pensamiento tecnológico contemporáneo.
Lanier, Jaron — Who Owns the Future? (2013). Científico informático, músico y pensador estadounidense, considerado uno de los pioneros de la realidad virtual y una de las voces más críticas con el modelo actual de internet.
Lessig, Lawrence — Code and Other Laws of Cyberspace (1999). Jurista, académico y teórico del derecho estadounidense, conocido por su trabajo sobre cómo la tecnología regula el comportamiento en internet.
El filósofo y ensayista coreano Byung-Chul Han. / Foto: ActuaLitté, CC BY-SA 2.0, via Wikimedia Commons