El sello de la autenticidad
UDUArt y la forma de poseer lo que no se puede tocar
por Gallbers Gallardo & Valka B
¿De dónde viene la fascinación que sentimos ante ciertas obras? La admiración nace ya desde la primera mirada, y si después descubrimos en la paciente obstinación que empleamos en desvelar las causas, que toda esa belleza es el fruto de un virtuosismo que solo se revela al escrutar el trabajo de un pincel que ha sabido domeñar la sombra y la luz y restituir, magnificádolas, las formas y las texturas –joya transparente del vaso, grano tumultuoso de las conchas, suavidad aterciopelada y clara del limón– ello no disciplina ni desentraña el misterio del deslumbramiento primero...
El arte nace de la capacidad que tiene la mente de esculpir los sentidos. Da forma y hace visibles nuestras emociones y, al hacerlo, les atribuye un sello de eternidad que llevan todas las obras que, a través de una forma particular, saben encarnar el universo de los afectos humanos. El sello de la eternidad... Ese sello fue poco a poco sustituido por el de la autenticidad, dejando a un lado tras el paso de los años la importancia de la fascinación que provocaron, poniendo por delante las métricas que la definen como "valiosa".
Y llegó el arte digital. Lo malo del arte digital era que se podía copiar. Pero ese era el menor de los problemas, la verdad. El principal escollo era que nadie sabía explicar realmente qué significaba poseerlo. Vincenzo Giustiniani, el banquero que coleccionaba Caravaggios, poseyendo a Judith decapitando a Holofernes (c. 1598–1599) no increpaba duda. Lo tengo, ergo es mío.
Y aun así llegan Gentileschi y Goya y vuelven a pintar la misma escena. ¿Copias? En cierto modo. Y esas copias adquieren valor propio, no por ser copias sino porque, aun siendo copias, tienen el sello de la eternidad que les implantan los autores. Y su nombre les dota de un nuevo sello de autenticidad. Porque son quienes son.
El problema está cuando copiamos por copiar una obra digital quitando de la ecuación el sello del artista. Puede mantener el sello de la eternidad, pero se disipa su autenticidad. Y en esa disolución de autenticidad empezaron entonces a aparecer soluciones técnicas que intentaban fijar la propiedad sobre lo digital. Funcionaban en lo formal, pero no resolvían del todo lo importante: la relación entre la obra, quien la crea y quien la colecciona.
Cuando aparecieron los NTFs, el debate se redujo demasiado rápido a una cuestión de precio. Subidas, caídas, reventas. Entre todo ese ruido de fondo se perdió lo importante: el significado.
Un archivo no es propiedad
A diferencia de las obras que coleccionaba Giustiniani, una obra digital es a fin de cuentas un archivo. Y un archivo digital se puede copiar. Sin límite y hasta sin permiso. Es su propia naturaleza, porque fue creado con esa intención. Esto no invalida la obra original, pero sí hace que poseerla no signifique nada -si seguimos hablando de autenticidad, no en cuestión de eternidad- si no existe un marco que le dé sentido a esa posesión.
¿Y qué pasa si encontramos la forma de certificar, en una cadena de bloques verificable, quién ocupa qué lugar en una edición limitada y en qué ecosistema vive esa pieza?. Pues ocurre simplemente que la tecnología nos da la clave para dotar de autenticidad a un soporte, a priori, volátil, y enlazar obra física y capa digital, abriendo puertas dentro de una comunidad que entiende el arte como visión, expresión y, por qué no, como valor patrimonial.
En ese contexto, cualquiera puede copiar la imagen, pero nadie puede ocupar tu lugar: cada pieza de una edición limitada tiene su número, su dueño y una historia de manos por las que ha pasado, registrada en la cadena de bloques (on-chain), que cualquiera puede comprobar. La copia circula; el lugar es tuyo.
Y con esta oportunidad, UNODEUNO crea UDUArt. Un nuevo formato que permite, con una propiedad real, conectar varias capas que hasta ahora funcionaban de forma inconexa: la obra, el objeto físico, el contexto cultural, la comunidad y la estructura que sostiene todo eso en el tiempo.
UDUArt no es solo un formato
Imagina una entrada numerada a un concierto: la foto del ticket que circula por WhatsApp no te mete en el recinto. Lo que cuenta es el derecho asociado a ese número, emitido por quien organiza el evento.
Algo parecido ocurre con un UDUArt, con una diferencia importante: aquí ni siquiera quien lo emite puede quitártelo. Un UDUArt vive en una cuenta digital que solo tú controlas; ni siquiera UNODEUNO puede mover o retirar lo que es tuyo.
En lo superficial, un UDUArt es tu pieza numerada dentro de una edición limitada, vinculada a una obra de arte física. Pero lo importante está en lo profundo: poseer un UDUArt te hace miembro de un ecosistema en expansión, con acceso a canales, eventos reservados, ventas privadas y un calendario cultural que va mucho más allá del marketplace: TheUNO Club.
Por orden: Giuditta e Oloferne. Judith Beheading Holofernes (entre 1598-1602). Óleo sobre lienzo, 145 × 195 cm. Galleria Nazionale d'Arte Antica, Rome. / Judith and Holofernes. Francisco Goya. 1819-1823, técnica mixta sobre revestimiento mural, 146 x 84 cm. Museo del Prado (Madrid, España) / Giuditta che decapita Oloferne. Judith Beheading Holofernes. Artemisia Gentileschi. Taken from en.wikipedia / Detalle crakelado de pintura, el sello del tiempo / Galería Vangoh. Foto de fan yang en Unsplash.
UDUArt es patrimonio
¿Qué dota de más valor a una obra? ¿El artista que la ejecuta o el coleccionista que la incorpora a su colección particular? ¿Fue más valiosa la obra de Caravaggio por innovadora, rupturista y provocadora o porque Giustiniani decidió que era digna de su colección? No tenemos respuesta. Lo que sí tenemos claro es que ambos son actores importantes que imprimen valor a la expresión artística, dignificándola y elevándola a categoría de patrimonio.
Y para eso la autenticidad no es importante: es imprescindible. Un UDUArt es un certificado de autenticidad en la cadena de bloques y una llave que abre TheUNO Club. Y puede llegar a ser algo más: propiedad real. La obra, tuya.
¿Dónde queda entonces el sello de la eternidad? Ese se mantiene. Es más, se incrementa y clarifica como una métrica extra y extraordinaria. Un Caravaggio lo poseía un Giustiniani, pero ¿hay certeza de cuántos lo deseaban?. Una obra tokenizada con el sistema de UDUArt puede ser patrimonio de más de un coleccionista, en diferentes grados porcentuales, y ese interés diferido le confiere una forma nueva de medir la "deseabilidad" de la misma.
Esto importa al artista por una razón sencilla: separa difusión (que la obra se vea, se comparta, se discuta) de reconocimiento (quién soporta la edición, quién entra primero a la sala, quién lleva la obra "de verdad"). Así los derechos de autor, contratos y leyes siguen siendo el marco en el que se interpreta todo. El token acompaña y aclara mecánicas on-chain; no sustituye por sí solo a un despacho de abogados. Pero sí da legibilidad técnica a un circuito que, sin registro compartido, sería opaco.
Qué gana el artista (no solo el coleccionista)
¿Qué pretendía Caravaggio con Judit y Holofernes? ¿Qué buscaba Duchamp con Fountain? ¿Y Warhol con Marilyn Diptych? Cada uno tenía su motivación, y no vamos a resolverla aquí. Pero todos compartían una misma necesidad: que su obra circulara, perdurara y encontrara a aquel que la valorase de verdad.
Eso es exactamente lo que UDUArt le da al artista. Las obras que entran en el sistema —las de los artistas que tokenizan con nosotros y las que UNODEUNO adquiere para su colección— quedan asociadas a un drop: una de nuestras piezas, prendas o accesorios. Quien adquiere una pieza del drop recibe con ella su UDUArt y, desde ese momento, la obra queda en manos de sus coleccionistas, quienes pueden conservar sus UDUArt o intercambiarlos en el mercado. Y en cada reventa el artista sigue participando: su vínculo con la obra no se corta en la primera venta.
Cada obra tiene un número limitado de UDUArt. Imagina una obra dividida en veinte partes: puedes poseer una vigésima parte, ir reuniendo más y fusionarlas entre sí. Si un día consigues fusionarlas todas hasta que quede una sola, la obra entera será tuya.
Más allá del coleccionismo está el patrimonio
UNODEUNO no es solo una marca. Es un altavoz cultural que defiende la libertad, el derecho a equivocarse y a contradecirse. Por eso el arte nos importa tanto: es la vida, sin límites. Y así queremos verla. Queremos que la obra siga hablando, que el artista viva de su obra —no de un pico de venta inicial con un silencio después—, que perdure el sello de la eternidad.
Si eres artista, ya lo sabes: el reto no es vender una vez. Es el trabajo sostenido en el tiempo, la obra asimilada con un mensaje que suene una y otra vez.
Un UDUArt no sustituye el talento ni la autenticidad. Da forma técnica a una promesa que el arte lleva siglos intentando cumplir: que lo que se crea no se disuelva en copias anónimas sin contexto, y que quien participa se reconozca dentro de un mismo relato. La blockchain es la prueba de que se puede.
El siguiente paso es tuyo. Explora TheUNO Raw, lee con calma qué es un UDUArt y entra a formar parte de TheUNO Club. Cuando compras en UNODEUNO no consumes: perteneces, posees y participas.
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PARA SABER MÁS
- Descubre nuestras colecciones de UDUArt ya disponibles
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El inicio de este artículo está inspirado en fragmentos de la novela de Muriel Barbery, La elegancia del erizo (2006)
- Foto de portada: This file is licensed under the Creative Commons Attribution 4.0 International license.
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